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martes, 22 de julio de 2014

PINTURAS, ÓLEOS, ACUARELAS

Dos pinturas del mismo autor por lo que se puede ver en las firmas, del que desconozco el nombre y el lugar donde están, son unas pinturas conocidas por muchos aficionados ya que se publicaron en foros antiguos hace mucho tiempo. Se agradecería cualquier información de las mismas.



martes, 1 de julio de 2014

OTRA BELLEZA ANDALUZA CON CERTIFICADO DE ORIGEN

Otra belleza andaluza con certificado de origen

Fernandorepiso_4Se suele decir que los perros pueden tener las virtudes de los hombres pero no sus defectos. Yo he tenido ocasión de comprobarlo y lo afirmo. El activo hasta llegar a atleta, avispado, inquieto, inteligente y cariñoso perro Bodeguero de Jerez, una de las razas autóctonas de Andalucía, me ha dado desde mi niñez las pruebas de ello. Su belleza y proporciones físicas se muestran paralelas a sus aptitudes para la relación con el trabajo que se le encomienda o para corresponder con el cariño que se le deposita. Tanto bien responde a la tarea como dulzura expresa hacia quien le acompaña. Duro carácter, disciplina, nobleza, defensa territorial y una gesticulación expresiva fácilmente traducible en su cara por cada mensaje que recibe o emite. Es, sin duda alguna, uno de los seres que en Andalucía, marcan señas de Identidad… como su paisano el Perro de Agua Andaluz, el Podenco Andaluz, los caballos Marismeños de Doñana o los arábigos-andaluces o Cartujanos… TODOS CIEN POR CIEN ANDALUCES, como parte de una población que marca importantes diferencias con sus semejantes de otras comarcas, climas o latitudes. Conocido como “ratonero-bodeguero” por la función que se le asignó, hoy por el afecto que se le tiene, se le conoce más popularmente como “Bodeguero”. Os ofrezco, parte de la historia que me unió a este precioso animal y sus raíces y precedencia.
Keti_1949
La única foto que se conserva: Keti con mis hermanos María y Pedro en 1949 en el desaparecido Puente de Oriente (hoy Luis Montoto) 
Fue un caluroso 31 de agosto de 1949, cuando falleció mi padre. De una familia que quedó huérfana con una viuda y siete hijos, la mayoría menores, a mí me tocó vivir con la hermana de mi madre, la pudiente Doña Boni que, entre otras muchas cosas de valor, tenía una fox-terrier de pelo liso o Smooth, pero hoy descubierto y registrado como Bodeguero Andaluz, regalo de una alto miembro de la realeza en Sevilla a la bien relacionada Doña Boni. Su nombre Keti y su condición ya me anticipó desde mis casi cuatro años de edad que sería una de las mejores compañías que tendría.
Y así fue hasta que la edad pudo con ella, dejándome en el recuerdo el mote “chumeneca” por el que me atendía, sobrenombre cariñoso que me inspiró la serie radiofónica Diego Valor. Keti no sólo fue dulce compañía en mis tarde de estudio, se arrullaba alrededor de mis pies y me reñía cuando, bromeando, intentaba quitarle el hueso de rodilla de vaca que mantenía sus dientes blancos.
Al cabo de los años otros muchos y bellos perros nos han ido acompañando en nuestra vida. Inolvidables fueron Pepa, una pastora alemana que de tan bella la confundían con un majestuoso macho. Su hijo Pepe, un ejemplar irrepetible. Coco, un cócker de tan bello pelaje negro y de tanta bondad como para liderar el cariño de mis hijos. Loli, una furiosa, alegre y despierta yorkshire que, más que enemistarse con nadie, defendía el descanso de Carmen. La pequeña Loli era la que ponía en guardia a los demás de la presencia de una visita inesperada. Y sin dejar de olvidar a los demás, Pablo, un blanquísimo montaña del Pirineo que se ganó el cariño de todos quienes le trataron.
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Pedro querido y deseado, tolerante, "Pedritopiloto" en Isla Cristina y atleta insuperable en Mazagón 
De la mano de un buen amigo de Niebla entró en casa el bello bodeguero Pedro, pero tan bravo, celoso, territorial, inquieto y un tanto anarquista que se me soltó en unos de mis largos paseos para perseguir a un pastor alemán, con tan mala suerte que al atravesar la carretera Gines-Valencina, un automóvil le arrolló… sin sufrimiento. Hoy descansa a sus casi cinco años de edad, bajo el esbelto ciprés de mi jardín.
No podíamos superar la falta de ese ejemplar que tantos buenos ratos nos regaló con su fácilmente traducible gesticulación, su atractivo físico, belleza racial, entendimiento y complicidad ante ruidos extraños o visitantes no deseados. Nos costó varios meses soportar este vacío, hasta que un día:
En Mazagón, lugar donde nos refugiamos todos los meses del año, menos los tradicionalmente vacacionales huyendo del pestazo a crema de coco, los chillidos de los niños que yo no se por que chillan más en la playa que en su casa, y los maleducados que te plantan la sombrilla encima, aún disponiendo de kilómetros de playa… Fue allí donde nos cruzamos con un vagabundo, de esos que se pelan a lo mohicano, con más manchas de pringue que un papelón de pescao frito. Llevaba en brazos a dos cachorros bodegueros llenitos de pulgas, piojos y el pelo, originalmente blanco, en tono grisáceo de suciedad. Sus tristes ojos decían “librádme”, sus perfectas manchas, iguales que las de Pedro, correspondían al tricolor bodeguero, pero la hembra nos suplicó con su mirada con tanta expresividad que no pudimos por más que rogarle al sucio portador que nos la diera.
El vagabundo se negó y nosotros al observarle las costillitas salientes de la mala alimentación, su delgadez que dibujaba, como un acordeón, su columna, recurrimos a nuestros amigos de la Cafetería París y ni cortos ni perezosos, toda la clientela increpó al mohicano para que dejara que librásemos al menos a la hembra de una “muy perra vida” o muerte segura, como a la semana siguiente supimos del macho.
                             sara
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Sara recién escamondá y asimilando comida sana. En la playa le sobra con algunos juegos y
 un descanso refugiada pero todavía vuelve con ayuda
Así llegó Sara a nuestras manos. Los primeros auxilios no tardaron: más de un dedo de grosor ocupaban las pulgas, chinches y demás costrillas del barreño de agua tibia donde la sumergimos para liberarla de la infección. El siguiente paso fue ponerla a disposición de nuestro amigo y veterinario Fernando que la revisó celosamente. Hoy, Sara ocupa un lugar preferente en nuestro tiempo, disfrute y acopio de la dulzura que emana, tan necesaria en tiempos de edulcorantes y artificialidades.
A sus, algo más de tres meses, todavía no aguanta las caminatas por la playa pero sí que, debido a su casta, ha heredado la observación y pretendida persecución de gaviotas y pájaros playeros. Su sentido poco habitual de la obediencia, su necesidad de recibir cariño y devolverlo, su inteligente saber estar en cada momento y donde hacer sus necesidades, anticipan una larga y compartida compañía. Ante la tele le gusta seguir la pelota que lanza Rafa Nadal, los movimientos de los futbolistas y escuchar junto a mí, los nostálgicos fados que me sirven de fondo a esta ocupación.
Con los, de momento, cortos paseos por Gines, ya ha ganado cantidad de amigos y amigas a las que acude sin dilación ni miedo a saludarles y corresponderles con sus besos. Es una delicia llevarla a tu lado, te garantiza el saludo de quien, por despiste, no te haya visto; es admitida en todos los lugares en los que prohíben a “los cuatropatas”; desde lejos y a cada momento se oye “hola Sarita” y ella busca y encuentra la voz amiga… y, de momento, no ha cumplido los tres meses.
Es una bodeguera andaluza, una paisanita liberada. 
Narración publicada y copiada de http://www.cosasdeandalucia.com/web/ y cuyo autor es Fernando Repiso.